Alicia en el país de lo absurdo

Como un cuento, la historia empieza, por supuesto, cuando ella decide seguir al conejo para emprender un viaje de locura y obsesión. Alicia, una apasionada del arte, una niña enamorada de las relaciones febriles, se perdía en la fosa de la rareza, se volvía una hoja en el cuento.  

El conejo la conquistó desde el comienzo porque el chocolate era su más tentador pecado. Comenzó con la orejita derecha, mitad chocolate blanco y relleno de caramelo. Continuo con la boca sabor a cereza. Una campanita que le colgaba del cuello se le cayó y el conejo de dulce se quebrantó. Empezó entonces a comerlo noche tras noche por pedazos, a mordidas y a chupadas. Era muy grande y le duro meses, cada pieza que desaparecía le traía a la mente el recuerdo de su relación enfermiza con el chico de la fotocopiadora.

La mañana que lo conoció, de verdad supo que no podía tenerlo, aun así, se empecino en conseguirlo como fuera, y al final lo fotocopio a color por más ilegal que pareciera el acto, tomando en cuenta que esos libros no existían en el país de lo absurdo. El libro los acerco puesto que después de verlo copiado ambos fueron enterados de que se convertían en cómplices. El secreto reveló que los dos podían hacer cosas prohibidas, romper las reglas, desear lo vedado, tener las agallas de conseguirlo y subir un escalón en el edificio de la duda.

La magia inició el tercer día cuando ella pasaba cerca y él hacia fotocopias. No se dieron cuenta, pero su eléctrico encuentro provocó corto circuito y fue por eso que, antes de que ella pasara de lejos, la maquina se averió haciendo un gran escándalo de agonía material. Alicia decidió detenerse, observo y escucho. Eduardo salvo las fotocopias de milagro y luego la vio a ella, la puerta cerrada. De atrás se escuchó la voz.

-          ¿Qué pasa allí adentro?
-          Nada, no pasa nada
-          ¿Estás seguro?, oigo mucho ruido
-          No es nada, la fotocopiadora se arruino
-          ¡Te parece poco!
-          Ya estoy acostumbrado a que se arruine, pero salve las copias
-          Deja esas copias un rato y abrí la puerta mejor

Inmediatamente se abrió la puerta, la maquina funcionó, pero el chico ya no quiso hacer más copias.  Alicia lo invito a tomar café porque lo vio cansado, el pensó que talvez la chica era muy pobre para invitarlo a comer. El primer beso fue un desastre, esa noche se besaron. Sin chispa, sin magia, la luna se oculto para que no la vieran y la pareja deseo nunca haberse rozado, pero era muy tarde, las doce de la noche y el carro era de ella, tenia que llevarlo a casa.

Un sol de jugo de naranja agria navegaba de este a oeste en las tardes de compañía que se dieron ambos para olvidar el primer beso con un segundo, con un tercero y en el caso de él, con un cuarto sustituto.
Para Alicia nada mas estuvo claro que el segundo beso con Eduardo sentó bien, pero no lo suficiente para olvidar el primero, así que volvió a su casa y beso a su hermano mayor cuya boca le supo a tripas revueltas con cemento pusilánime, es decir a hermano mayor. No bien, para estar segura de que aquel evento dejaba chiquito al otro, beso a su perro Gandhi que sin violencia se dejo besar, pero le cepillaban los dientes, fue peor el beso de su hermano. 
Para Eduardo fue mas fácil, primero la volvió a besar a ella, luego beso a su novia, después a su mejor amiga, luego a la mejor amiga de su novia, y para él no hubo diferencia, todos fueron exquisitos, el primer beso con Alicia quedó atrás.

Otro libro llegaba a las manos de Alicia y solo conocía a uno que la podía ayudar a tener una copia. No sabia que hacer para no llegar a verlo sólo para pedir un favor, decidió que lo volvería a besar, la tercera es la vencida y la excusa perfecta para copiar un libro, para hacer de nuevo un acto ilegal.
Cuando le vio venir, Eduardo guardo las copias y fingió estar sin oficio. Ella lo vio aburrido, él la observó aturdido, no sabia que esperar. Ella abrió el libro y le enseño una foto. La voz se escucho de atrás.

-          Esta se llama “Judit decapitando a Holofernes”
-          ¿De quién es?
-          De una mujer
-          Tenia que ser, para que la dama decapite al caballero...
-          Me le sacas una copia a color
-          Voz sabes que aquí no sacamos esas copias
-          Voz sabes que si, no te hagas de rogar
-          ¿Sólo para eso viniste?
-          También te vine a besar

La puerta se volvió a cerrar, Alicia estaba adentro, con las copias, con la maquina, con Eduardo. Empezó a copiar las páginas llenas de fotos de pinturas, llegó a colocar las páginas por inercia una tras otra de forma mecánica, sintió que Alicia lo miraba con insistencia, deseo que no tuviera que sacar más copias, quiso tenerla a ella en original. Trato de ver el libro mientras lo copiaba, no dejo de ver a Eduardo con insistencia, mantuvo su cuerpo tenso por minutos, pensó en el conejo y en el olor de sus orejitas, sintió que la mano de él la tocaba, deseo que la volviera una copia.

Sonó el teléfono y no respondía, la maravilla de su belleza superaba la llamada sin respuesta y él no descanso semanas para obligarla a responder.  Llamó a la novia y le preguntó, le explicó, la cortó y saco una copia. Llamó a la mejor amiga y le contó, la arruino, la perdió, pero quedo una copia. Sonó el teléfono y no respondía, la maravilla de su belleza superaba la llamada sin respuesta.

Sonaba el teléfono y se levanto, escapaba de la tierra volviendo sus ojos sordos y los oídos ciegos para no atender la llamada que acabaría con su miedo. Durmió en el techo sobre una hamaca, durmió en la sala debajo del mueble, durmió en el piso sin colcha, siempre soñó lo mismo, el teléfono la tragaba. Comió conejito de dulce, bebió agua de rosa, pinto copias en bodegones, dibujó la ultima cena, se puso flaca y tuvo hambre. Sonaba el teléfono y se levanto, escapaba de la tierra volviendo sus ojos sordos y los oídos ciegos para no atender la llamada.

De muy adentro se escucho la voz.

-          Alo
-          ¡Por fin contestas!
-          ¿Quién habla?
-          Hazte la que no sabes...
-          No sé
-          Eduardo
-          Alicia
-          Si ya sé, yo te llame
-          Y yo contesto
-          Te tardaste
-          Pero lo hice
-          Porque insistí
-          Porque quise
-          Alicia, ¿en donde vivís?
-      En el país de lo absurdo
También publicado en la revista digital: www.thefavmag.com

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